Es una casa nueva con elementos de arquitectura de la zona en un estilo absolutamente ecléctico. Si bien el piso es de Alemán, acepta alfombras persas, tejidas o de Tintorero, combinadas con muebles de colección de los años 20, 40 y 60, una lámpara en el comedor que trajo de Alemania, una antigua mesa de planchar en madera que se utilizaba en los días de la colonia, está en la entrada con su espejo encima, la piscina de cemento pintado, sillas altas tipo lounge y el jueguito de jardín de hierro. No entiendes por qué todo luce tan armónico y lo sientes gratísimo a la vista. Las habitaciones son bellísimas, con todas las comodines de baño, aire acondicionado, tv con cable y unas camas deliciosas con sábanas de los hilos que son, almohadas de pluma y edredones idem. Su patio gratísimo y la atención estelar y dedicada de Edgar Ramírez. Tienen una sala de estar perfecta con hamaca, sonido y en un lugar estratégico para no perturbar a los demás huéspedes. La comida es finísima, con especialidades de la zona pero servida con elegancia en un comedor del que no provoca pararse, sin embargo muchos prefieren comer en el patio, en los jardines con los pajaritos que llegan típicos de la zona. Sólo sirven desayuno. Almuerzos y cenas son por reservación. Ofrece 3 rutas: exploración por la zona árida, recorrido por el patrimonio caroreño y visita a las haciendas de ganado. Quienes compartan la fascinación de Edgar por los muebles, deben visitar su tiendita En Provincia. Ahí pueden ver y comprar muebles venezolanos, ingleses, franceses y escandinavos, diseños de los años 60, materiales de construcción como puertas, ventanas o dinteles, algunas piedras de trilla y hasta elementos de algún trapiche. Deben reservar antes de ir a la posada y tienen estacionamiento privado. Sin desperdicio.






































